Biografía de Carlos Páez Vilaró

El artista detrás de Casapueblo

Durante más de cuarenta años, Carlos Páez Vilaró modeló con sus propias manos Casapueblo, su taller del mar. Referente arquitectónico y cultural de la región, es visitada diariamente por centenares de turistas de todo el mundo. En ella vivió, trabajó y atesoró sus colecciones.

El Museo Taller está abierto al público todos los días del año de sol a sol.

Situado en el corazón de Casapueblo, exhibe, conserva y difunde las obras del maestro uruguayo.

Carlos Páez Vilaró: una vida dedicada a la creación

Carlos Páez Vilaró nació en Montevideo, Uruguay, el 1º de noviembre de 1923.

Desde temprana edad estuvo en contacto permanente con el arte, la arquitectura y la literatura, lo que provocó el desarrollo de una fuerte vocación creativa. Al ser autodidacta, investigó a profundidad las culturas más diversas para hallar la raíz de su inspiración. Fue así como pintando y escribiendo, recorrió el mundo montando sus talleres en los sitios más diversos.

Hacedor incansable, viajero y expedicionario, fue un apasionado de la pintura mural, dejando el testimonio de su arte en los cinco continentes.

Carlos Páez Vilaró partió en su juventud a Buenos Aires, donde se vinculó al mundo de las artes gráficas y comenzó a hacer sus primeros bocetos y trabajos de publicidad. El tango y la noche porteña lo motivaron a realizar sus dibujos sobre el tema, y años más tarde a escribir composiciones musicales.

A fines de los años cuarenta volvió a Uruguay y se volcó de lleno al mundo de la pintura, integrándose a la vida del conventillo Mediomundo, raíz de sus obras sobre la negritud.

Años más tarde conoció a Picasso, Dalí, De Chirico y Calder en sus talleres. Ese peregrinaje europeo inicial, el contacto con los museos y los grandes artistas, como también el éxito de sus exposiciones, le dieron el impulso que necesitaba para un regreso a su país con entusiasmo.

Investigando las raíces del candombe, llegó al África. Pintando, filmando y escribiendo, recorrió varios países, se nutrió de su cultura y dejó su sello en varios murales realizados en palacios, hoteles, aeropuertos y hospitales.

A lo largo de su carrera instaló sus talleres en Brasil, Argentina, Estados Unidos y Tahití, pero siempre regresando a Casapueblo, su trampolín para partir una y otra vez.

En su periplo realizó múltiples exposiciones, siendo algunas de las temáticas abordadas: el candombe, el sol, los puertos, las mujeres, el arte africano, los juegos, los animales y los bares.

Obtuvo varios premios, entre ellos, el de la Bienal de San Pablo.

Multifacético, incursionó en la pintura, la escultura, la cerámica, la tapicería, el arte mural, la arquitectura, el cine y las letras. Con el obstáculo como mayor estímulo y dueño de una brillante capacidad de producción, conquistó la admiración de la gente y su obra ganó el reconocimiento internacional.Pintó hasta el último día de su vida. Falleció en Casapueblo, el 24 de febrero de 2014. Dejó en sus obras un legado valioso para toda la humanidad, lleno de energía, color y amor por la vida.

Casapueblo, su escultura habitable.

Ubicada sobre los acantilados rocosos de Punta Ballena, a 15 kms. de Punta del Este, se encuentra Casapueblo. Construida en lucha abierta contra la línea recta y con concepto de horno de pan, es la obra máxima en la arquitectura de Carlos Páez Vilaró.

En el año 1958 Carlos Páez Vilaró llegó por primera vez a Punta Ballena. La desolación del paisaje, sin árboles ni caminos trazados, sin luz y sin agua, no frenaron su proyecto de construir su taller definitivo frente al mar.

Inicialmente levantó una casilla de lata, donde almacenó puertas viejas, ventanas y materiales para la obra de su futura casa. Luego, con la ayuda de amigos y pescadores, creó La Pionera, su primer atelier de madera.

Años más tarde, empezó a cubrirla con cemento y a modelarla con sus manos, como a una gran escultura. Cúpulas, pasadizos, túneles y terrazas, fueron cobrando vida a través de los años, dibujando con el blanco inmaculado, la frase de su arquitectura. Siempre engarzando a las paredes objetos traídos de sus viajes y destinando sitios especiales para sus recuerdos. Con el correr del tiempo, Casapueblo siguió creciendo, respetando la naturaleza del paisaje. Habitaciones se fueron agregando como vagones a una locomotora. Muchas de ellas construidas ante el anuncio de la llegada de amigos que planeaban venir desde lejos a pasar una temporada en esta casa que generaba tanta curiosidad.

Fue así como se convirtió en un ícono del lugar, punto obligado de artistas, coleccionistas, personalidades, investigadores, estudiantes de arquitectura y viajeros trotamundos.

Páez Vilaró solía decir que la casa se nutría de la energía de miles de visitantes que habían pasado y vivido momentos inolvidables. Fiestas, recitales, congresos y eventos fueron poblando las salas y terrazas con el magnetismo que le imponía su creador, que no descuidaba ni el más mínimo detalle.

Con la tradición de abrir su taller al público todos los días del año, Casapueblo cobró renombre internacional. Hoy es un baluarte del Uruguay y continúa con su dinámica tradicional.

Un artista multifacético

Carlos Páez Vilaró se definía como un “hacedor”. Su continua búsqueda del arte lo llevó a explorar distintas disciplinas, dejando testimonios de su creatividad. En su afán de acercar el arte a lo general, despegándose del concepto de algo exclusivo para museos y galerías, su pincel intervino cuanto objeto se cruzó en su camino.

Su encuentro con Pablo Picasso en Francia lo animó a incursionar en la cerámica, y a su regreso a Uruguay fundó el Taller de Artesanos Ceramistas. En Perú realizó tapicerías junto a los indios otavaleños. En Tahiti hizo su colección de pareos para las nativas.

En Washington pintó el mural “Raíces de la Paz”, considerado el más largo del mundo en el año 1960. En el leprosario del Dr. Albert Schweitzer en Lambaréné también dejó su sello en una gran pared. En Uruguay pintó las velas del velero escuela “Capitán Miranda”, también los vehículos policiales y el avión de la línea aérea nacional. Registró más de cien composiciones musicales.

Realizó las películas “Batouk”, “Pulsación”, “La serpiente rouge”, “Candombe” y “Albert Schweitzer en el reino de los galoas”.

En arquitectura , más allá de Casapueblo, construyó su casa homónima en Tigre, también la capilla del cementerio Los Cipreses y el diseño del Club de Polo Helvetia en Brasil, por citar algunas obras.